Como bien es sabido, la música produce estímulos cerebrales y tiene muchos beneficios, entre los cuales podemos destacar cambiar el estado de ánimo y controlar el estrés o la ansiedad.
Desafortunadamente como parte de la vida llega el día en que de una manera dolorosísima tenemos que decir adiós a un ser querido. El trance es duro, y teniendo que pasar por él intentamos que los familiares más directos estén lo más arropados y confortables posible.
Me gusta pensar que dando un adiós más solemne o más personal, abrazamos junto con la música a la familia y les ayudamos a pasar ese duro momento más acompañados. Con la música se acercan los buenos recuerdos, se acerca Dios, se acerca la esperanza… Parece imposible pero de una situación tan dramática también somos capaces de guardar buenos recuerdos; recuerdos de la belleza de la celebración eucarística, del afecto de familiares y amigos y de ese último contacto con el difunto.
Posiblemente también esa persona que se marcha tuviera una canción especial y personal o algún tema con el que queráis recordarlo. Será precioso escuchar con ella esa canción por última vez.
En definitiva, se trata de hacer al difunto un bello homenaje para poder recordar esa despedida como un momento más de vuestra vida juntos.